jueves, 12 de octubre de 2017

Clases de economía en la plaza de toros

Hace un calor infernal. Para variar el cacharro que tengo para moverme en esta ciudad tiene mal el aire acondicionado (si usted ha leído mi blog, dirá que estoy obsesionado con lo del aire acondicionado, entonces usted no ha vivido ni 5 minutos en Maracaibo). De pasapalo, estoy en una cola enorme para poner gasolina. Como buen nieto de Calabrés, mi paciencia se acaba en 14 minutos, no llego al cuarto de hora. Me salgo de la fila y voy con mi calor y mi escasez rumbo a la Plaza de Toros de Maracaibo.

Para poner gasolina en esta ciudad usted necesita tener un chip. El fulano chip, le abre las puertas del cielo cuando la aguja del tanque está a punto de gritarle. El fulano chip lo pusieron porque supuestamente, los ciudadanos de bien y algunos de mal que vivimos en la frontera venezolana somos unos delincuentes que contrabandeamos con la gasolina y la pasamos a Colombia para desangrar al país. Hoy en día, es evidente que si el cargamento que trae un camión cisterna equivale a lo que cuesta un cartón de huevos en el abasto de la esquina, pues para muchas personas que pueden controlar el camión y las fronteras, es el negoción del milenio (o desde que se inventó la gasolina). Si usted viene de turista a Maracaibo, haga como yo que tampoco tengo el chip y váyase a la plaza de toros, satisfacción garantizada.

Las leyes, en cualquier ámbito no son hechas para romperlas, es más, las leyes que dictan las ciencias son imposibles de quebrar. Supóngase que usted tiene alguna tara ideológica que le hace sospechar que toda la ciencia mundial (esa que está regida por el método científico, y es evaluada por todo el mundo) está dirigida por transnacionales, grupos económicos, el ratón Mickey, etc. Pues yo lo invito a desafiar la ley de la gravitación universal de Newton, digamos……………. lanzándose desde una azotea a 20 metros de altura. O mejor aún, pruebe contrariar cualquiera de las leyes de Mendel, siéndole infiel y maltratando a su esposa repetidas veces y esperar que todos sus hijos sean igualitos a usted (si tiene suerte su mujer si seguirá esas leyes).

Llego a la plaza de toros, es martes al mediodía (evidentemente el calor ha pasado a un nivel indescriptible), la señal,  ver unos recipientes de agua potable de 1 galón llenas de gasolina. No hay nadie vigilando, pero al bajar la velocidad del carro, comienza una pléyade de muchachitos, que evidentemente no están en la escuela y se acercan para transar el negocio. -¿Cuánto?-, -2500!!!- grita el niño. –Ponle 3- digo yo, porque milagrosamente tengo efectivo en un país donde escasean hasta los billetes. Son 12 litros de gasolina que para ese momento me llevarán hasta el cielo.

Para muchos científicos naturales, las ciencias sociales son algo así como un espejismo innecesario que no es capaz de producir conocimiento ni cambios en la humanidad sino un montón de párrafos complicadísimos que no dicen nada (en muchos casos es así, porque efectivamente no hay nada que decir). Sin embargo existen leyes en temas como la economía donde igualmente no hay manera de romperlas sin sufrir terribles consecuencias.
El miércoles, dada emoción por haber dejado de perder horas en una cola, (sí, yo soy de los que cree que mi tiempo es valiosísimo así me paguen poquito y en bolívares), me encontré con que tenía que volver a llenar el tanque. En la plaza de toros me enteré por mis amiguitos que el galón había subido a 3000. Por supuesto no pagué ese precio y me resigne a quedarme varado ese día. El jueves, viendo que lo de quedarme varado era en serio, fui a la plaza resignado a pagar el precio aumentado, aunque la gasolina seguía costando el mismo bolívar por litro en las bombas de colas interminables.  ¡Oh sorpresa! El mismo chamo que me ha visto día tras día me dice, ¡son 3500 y mañana seguro sube a 4000! -Coño pana- riposto – ¿cómo es que le subes 500 bolos cada vez que se pone el sol?- El chamo sabiamente me dice –Bueno señor, la gasolina está difícil de conseguir ¿no ha visto las colas en las bombas?- Me trago una vez más lo que mis genes me sugieren gritarle al niño y pago.

La llamada ley de oferta y demanda atribuida Alfred Marshall, es un modelo aparentemente sencillo de explicar y digo aparente porque uno no entiende cómo es que “otros” no entienden eso. El carajito que me ha tenido 3 días a punto de un colapso nervioso, lo explica fácil, si no hay gasolina en las bombas (oferta) y un pocotón de gente va a la plaza a rogar por los pocos galones que hay allí (demanda), inevitablemente el precio sube porque no hay competencia.


El sábado, resignadamente busco 12.000 bolívares para poner mis 3 galones que deben estar en los 4 mil que el chamo vaticinó el jueves. Sin embargo, veo que las colas en las bombas han bajo un poco ¿Qué raro no? Cuando asomo el carro en la plaza, un sinfín de botellas llenas de combustible se desparraman por varios cientos de metros, llego donde mi habitual compinche y le pregunto, ¿Epa chamo, en cuánto lo tienes hoy? –A 2500 señor- sorprendido balbuceo algo así como ¿y esa vaina? – ayer llegaron los camiones de gasolina ¿no ve que todos los vecinos están vendiéndola?, si no le bajo el precio hoy pues no voy a vender nada-. Por una extraña razón me alegré ese día por satisfacer nuestras miserias con un poco menos de dinero –ponle 4 galones-. Me fui con el tanque casi lleno, sintiéndome millonario con los 2000 bolos que me sobraron y conforme conmigo mismo por la gran proeza consumada. Mientras volvía a casa no dejé de pensar en los necios que no quieren entender la ley de oferta y demanda.

viernes, 19 de mayo de 2017

Para mañana es tarde

¿Ganamos? ¿Perdimos?.... Lamentablemente estamos perdiendo. No importa cuántas tanquetas o colectivos neutralicemos, cuantos colectivos repelamos o cuan buena vibra tengamos en nuestras hermosas marchas. Venezuela está perdiendo y es indudable que nos están matando y que el gobierno busca arrodillarnos para seguir atornillados en el poder.

Si bien nuestros jóvenes a punta de alma y adrenalina tratan de contener y provocar a los imbéciles que están protegiendo la buena vida de un montón de generalotes que ni por casualidad se aparecen en su “campo de batalla”; es indudable que la perdida de esas vidas, esas almas, esos sueños y futuros, parece que hoy no servirán para nada a menos que realmente hagamos algo.

¿Pero qué hacer? No todos tenemos las parótidas secas para enfrentar a un grupo de salvajes que queman a un pobre niño wayuu o que le pasan por encima a un futuro médico que solo hacia lo que humanamente hay que hacer. Piedras, bombas, pintura… cualquier cosa es necesaria en ese momento. Sin embargo, mientras nuestros valientes súper héroes luchan por una mejor Venezuela, muchos siguen yendo al gimnasio con sus zapaticos nuevos (comprados en dólares brother) y criticando al gobierno entre rutinas de pesas o whiskys entre los flojos como yo.

Mientras apoyaba a esos jóvenes sin rumbo pero con ganas de hacer de este país algo del que nadie quiera irse, tuve mi propia Epifanía, descubrí cual es mi rol en este momento. Finalmente entendí, que alguien con un poco de sentido común tenía que tratar de hacer entender a los “muchachos de la resistencia” y a los partidos políticos que de las tripas y la falta de estrategia no queda nada.

Si bien hay que entender que los jóvenes están tratando de hacerse de un futuro así sea a pedradas y puputovs, la dirigencia política de este país parece que (y en mi opinión) a pesar de estar haciendo algunas cosas bien, su velocidad de respuesta es más o menos como la del perico caminando en un piso de baldosas. 
  
¿Qué pensaría alguien con 2 dedos de frente en medio de toda esta tormenta? Pues que de alguna manera tenemos que tener un norte para que este barco atraque en puerto seguro. ¿y cómo lo hacemos? En mi humilde opinión con un “estúpido y pendejo “ plan de trabajo.

Existen montones de ejemplos donde se esgrimen las directrices de cualquier grupo político o gobierno para que la gente sepa qué diablos vamos a hacer con nuestras vidas. Cómo es posible que a estas alturas “nosotros” no tengamos nuestro “libro tricolor”, “biblia de la virgen querida” o cualquier otro documento que les diga a los venezolanos qué demonios vamos a hacer si cambiamos de gobierno. Yo se de la existencia de planes que están hechos para sacar a nuestra patria de este abismo, pero para variar, están encajonados durmiendo el sueño de los justos.


Les propongo algo, a partir de mañana empezaré un periplo de partido en partido (aquí en Maracaibo para empezar) exigiendo que de una vez por todas saquemos nuestro “libro tricolor” que le haga ver a todos lo que queremos hacer y así llegar a la gente que nos ve con resabio. Les prometo que a partir de mañana les contaré como me ha ido en mis peripecias.

Pendientes.......

viernes, 5 de mayo de 2017

Sólo 6 días

¿Cuántas preguntas se pueden hacer en 6 días? ¿Cuántas veces podemos cambiar de estado de ánimo? Es más, ¿Cuántas veces nuestra realidad puede cambiar en ese tiempo? Parece que en Venezuela, estas preguntas no tendrían respuestas.

Hace exactamente 6 días, mi cabeza y mi cuerpo estábamos en una finca en Biruaca (Apure) colectando datos de algunos experimentos. Mi conexión con lo que pasaba en el país se limitaba a algunos minutos por teléfono con mi esposa mientras espantaba zancudos y conseguía “señal”. Me preocupaba nuestra situación, pero estando tan lejos no apreciaba el alcance de lo que escuchaba por el teléfono.

Cruzando el Rio Apure, recibí la noticia de que se habían anunciado los ganadores del premio de ciencias “Lorenzo Mendoza Fleury”1 o simplemente el “Premio Polar”  como se conoce en los corrillos científicos. Esta noticia me apartó de mi angustia y me alegró el día. Para los que vivimos tratando de hacer ciencias en nuestra querida patria, este premio es uno de los más importantes del país o quizás el único actualmente donde sus galardonados son totalmente reconocidos como “buenos científicos” por la mayoría de los académicos. Este año, Rafael Almeida (ULA), por Química; Gloria Buendía (USB), por Física y Yamilet Quintana (USB), por Matemáticas, Pedro Rada (ULA) y Wilmer Tezara (UCV), ambos por Biología fueron los galardonados, que decir de sus currículos, todos merecedores de esta distinción.

La alegría duró poco, mientras seguía mi recorrido hacia Maracaibo, la realidad de lo que sucede en las calles de Venezuela me dio con todo en la frente. Represión, pistolas, inocentes muertos, heridos, presos, saqueos; el caos.

Mil preguntas por segundo, mil hipótesis y ninguna respuesta concreta fueron acumulándose con cuanta persona encontraba durante mi periplo. Mi estado de ánimo se puede decir que estaba de modo cuántico, arrechera-tristeza-impotencia-desasosiego, todo al mismo tiempo, pero cada uno por separado. Me consigo a un viejo en una bomba de gasolina que me dice –mire mijo, esos que nos están matando tienen que ser extranjeros, porque no puede ser tanta saña- y lastimosamente le respondo, -hermano, créame que son nacidos y criados en esta tierra-. El viajo sorprendido me dice – ¿y entonces? ¿ellos no se están comiendo un cable igual que nosotros? ¿No tienen esposas e hijos estudiando en la universidad? Le quise dar un discurso, pero sólo atiné a decir –están deshumanizados-............

Si algo “bueno” tuvo la época nazi para la ciencia, fue poder estudiar los procesos de deshumanización del individuo. Los horrores a los que los prisioneros del régimen fueron sometidos por otros que se creían buenos y que solo cumplían órdenes, hicieron que se estableciera en discusiones y experimentos posteriores que la maldad en la naturaleza humana era fácil de exprimir. Por un lado nacieron teorías como la “banalidad del mal” en la cual la filósofa Hannah Arendt (judía nacida en Alemania y nacionalizada estadounidense) esgrimía que Aldolf Eichmann en su afán de cumplir eficientemente con su trabajo, cumplía cualquier orden superior sin reflexionar sobre sus consecuencias, en fin, para ella, él era un burócrata con deseos de ascender en la escalera del poder nazi.

Más adelante se realizaron famosos (por lo inmorales) experimentos de psicología social llevados a cabo en Estados Unidos. Uno de ellos fue el experimento Milgram2 (de la Universidad de Yale), donde un grupo de voluntarios debía “castigar” con corrientazos a otro grupo cuando erraban las respuestas a preguntas proporcionadas por un investigador, que a su vez  y a través de su figura de autoridad “ordenaba” a los primeros incrementar el voltaje en el castigo. Para bien de casi todos los involucrados, los únicos que realmente participaban en el experimento eran los “electrocutadores” ya que los electrocutados no recibían descarga alguna pero fingían de manera convincente dolores espantosos. El resultado fue absolutamente impactante, el 100% de los sujetos descargó hasta 300 voltios de corriente, (valor donde los “electrocutados” fingían desvanecimiento o muerte) y más del 65%  de los participante administró las dosis más altas de corriente que se podían aplicar (450 voltios).

Otro experimento (quizás más atroz) fue el realizado por Philip Zimbardo3 de la universidad de Stanford (pueden ver la película The experiment con Forest Whitaker) en el cual un grupo de personas que no tenían ningún antecedente violento, fue dividido en dos grupos para simular las condiciones de una cárcel y así buscarle una explicación científica a los conflictos que se presentaban entre guardias y reclusos en las prisiones de Estados Unidos. A los voluntarios que formaron el equipo de los guardias, se les instruyó que debían hacerse cargo de la prisión de la manera que mejor les pareciera si apelar al castigo físico. El resultado, fue un total despelote, el experimento tuvo que ser suspendido al sexto día. Los “reclusos” pronto aceptaron un tratamiento sádico y humillante y los “guardias” comenzaron a mostrar signos de sadismo y violencia pura (de hecho y en medio de la locura temporal, muchos se molestaron cuando suspendieron el experimento). Todos, absolutamente todos los involucrados fueron deshumanizados en sólo 6 días.

Hoy el número de víctimas sigue aumentando, la lista de jóvenes asesinados se hace inaguantable. Jóvenes con sueños, con toda una vida por delante, muertos por compatriotas que no tienen el menor sentimiento por la vida y que no se harán responsables por las consecuencias de sus actos. Jóvenes que ya no serán directores de orquesta o que nunca ganarán el premio Polar de ciencias. Jóvenes que se fueron de casa para siempre y sin despedirse.

Cuando el futuro nos alcance, Venezuela será un país devastado por su falta de principios y valores. No bastará producir más petróleo ni reactivar la agricultura, ni aplicar medidas económicas sensatas y mucho menos planes de desarrollo científico-tecnológico si antes no re-humanizamos a nuestra gente y a nuestras instituciones. Este país de esos jóvenes que hoy enfrentan la violencia y son perseguidos, ellos son los dueños de la próxima Venezuela. Ahora el futuro se ve oscuro, pero si se fijan bien, a lo lejos se ve un puntito de luz que se va agrandando.


2 Milgram, Stanley. (1963). "Behavioral Study of Obedience".] Journal of Abnormal and Social Psychology 67, 371-378.


viernes, 17 de marzo de 2017

Ciencias con M


Si usted es de los que cree que nunca va a poder ganarle un debate o discusión a una mujer, pruebe con una que sea científica. Le aseguro que le va a ir mucho peor. Además de tener una inteligencia emocional superior a la de usted, le restregarán en la cara cualquier argumento con datos, cifras y citas absolutamente irrebatibles y a usted ineludiblemente le tocará darle la razón y escondidito ponerse a estudiar a ver si en la próxima tiene suerte.

El rol de la mujer en la actividad científica a pesar de haber sido determinante para innumerables descubrimientos, no fue suficientemente reconocido (en muchos casos ni siquiera reconocido del todo) en el pasado. De ejemplos de esto hay muchos, como el de Rosalind Franklin a quien por muchos años no se le adjudicó su valía como codescubridora de la estructura del ADN, incluso fue vilipendiada en innumerables oportunidades por James Watson (coautor del mismo trabajo), o la increíble mezquindad cometida contra Marie Curie, quien habiendo sido la primera persona en ganar 2 premios Nobel, nunca fue aceptada por sus misóginos pares en la Academia de Ciencias de Francia. Sin embargo, con el paso del tiempo y a punta de esfuerzo y de luchas de muchísimas mujeres por alcanzar la igualdad de sus derechos, cada día es más evidente que ellas han ido ganando los espacios que siempre debieron ser suyos.

La semana pasada se celebró el día internacional de la mujer y para las mujeres de ciencia de nuestro país fue una semana importante. Por un lado, la Dra Egleé Zent (Antropóloga del IVIC) junto a un equipo internacional donde tambien participaron otros venezolanos como: Lionel Hernández (UNEG), Armando Torres (ULA), Standfor Zent (IVIC), Gerardo Aymard (UNELLEZ) y Hernán Castellanos (UNEG), publicaron un hermoso artículo sobre cómo los árboles domesticados por las culturas pre-colombinas dominan la composición del bosque amazónico de la actualidad en la prestigiosa revista Science1. Por otro lado, la Dra. Flor Pujol (Viróloga del IVIC) fue incorporada como miembro de la Academia de Ciencias de América Latina y la Dra. Gioconda San-Blas (Micóloga del IVIC) recibió de parte de la Gobernación del Estado Miranda la Orden Emma Soler por su trayectoria personal y profesional en pro de la equidad de género.

Muchas sociedades matriarcales abundan en la naturaleza y en la humanidad; elefantes, orcas, hienas e incluso insectos como abejas y termitas son gobernados por una hembra alfa y nunca se pone en duda quienes son las que mandan. De este lado del mundo, sociedades matriarcales comúnmente clasificadas como “primitivas” subsisten y han sobrevivido a la imposición patriarcal de la civilización occidental. Aquí mismo en nuestro país, los clanes Wayuu por ejemplo, tienen como cabeza a las matriarcas y a pesar de la marginalización a la que han estado sometidos por años, siguen manteniendo a flote sus etnias, costumbres y sus esperanzas de mejorar sus condiciones de vida sin menoscabo de sus valores y derechos. De hecho, cómo dudar que la paternidad irresponsable en muchos estratos de nuestra patria ha convertido de facto a Venezuela en una sociedad matriarcal ¿quién en su sano juicio en nuestro país se atrevería a llevarle la contraria a la mamá, abuela o esposa? ¿entiende mi punto?

Actualmente, alrededor del 62% de las personas acreditadas en el programa de estímulo a la investigación e innovación (PEII) son mujeres2. Cada día vemos como en el país más y más mujeres toman las riendas del trabajo intelectual y creativo. Hace 50 años era imposible si quiera imaginar que alguna mujer ocupara altos cargos académicos pero al día de hoy las vemos como decanas, rectoras o miembros de todas las academias del país (incluso las presiden).

No todo es color de rosa para ellas. Todavía persisten focos machistas que torpedean el trabajo de la mujer en el ámbito científico. Como dato interesante, a pesar de que la mayoría de las personas que hacen ciencia (incluyendo estudiantes) son mujeres, si uno revisa la lista de los venezolanos más citados (en Google scholar), se encuentra con que el 30% de ellos es mujer3. Esto quizás se corresponda a un tema generacional y probablemente en el futuro próximo esta correlación se vaya corrigiendo, sin embargo como en muchos otros países, se deben crear programas de acceso a fondos, educación y oportunidades de intercambio científico que promuevan la participación de las damas y que esto pueda servir de motivación a las miles de estudiantes para que sigan la carrera científica (por lo menos hasta que estemos seguros de que la brecha entre géneros sea nula).

Si bien no estoy a favor del feminismo porque lo considero tan obstinadamente radical, que se me parece al machismo furibundo; estoy absolutamente convencido de que las luchas por la igualdad de género se deben mantener y aumentar con el tiempo para que como decía mi madre, las noticias dejen de ser que una mujer logró esto o aquello, sino que esto y aquello fue logrado por fulanita de tal.

Sin duda alguna, la ciencia es una actividad que depende de la capacidad de raciocinio, inteligencia y creatividad, por lo que poco tiene que ver el género. En este país, donde pocas cosas tenemos que celebrar en nuestro confuso presente, creo que logros como los mencionados son dignos de resaltar. Todavía quedan muchas mujeres que siendo madres, esposas, maestras y científicas siguen preparando experimentos, analizando datos y escribiendo miles de palabras para divulgar el fruto de su trabajo en este país. Ellas seguirán siendo una fuente de inspiración y de enseñanza para las nuevas generaciones que pondrán otra vez a Venezuela en el mapa del desarrollo científico y tecnológico del mundo.





jueves, 9 de febrero de 2017

Se busca un equipo campeón

¡La botó de jonrón! En cualquier juego, gente como José Altuve, Miguelito Cabrera o para los más viejitos Andrés Galarraga, generalmente se destaca y con frecuencia. A pesar de que a mí personalmente no me gusta el béisbol (y eso que le voy a los gloriosos Leones del Caracas solo por presión social), es indudablemente el deporte de Venezuela. Pero, ¿es casualidad que los peloteros la “boten”, hagan atrapadas increíbles tipo Vizquel o corran tan rápido para robar bases rayando en un Usain Bolt con gorra y un incómodo suspensor? Pues no, para eso fueron escogidos y contratados (y obviamente les pagan bastante).

No me imagino una reunión de la gerencia de cualquier equipo deportivo serio diciendo cosas como –deberíamos contratar al sobrino del presidente de la liga-,  -el no coge una pelota ni con una red de pescar pero el presidente es pana y el sobrino está pelando bolas-, -total son 9 jugadores, nadie se va a dar cuenta- o algo como, -tu sabes, el señor Antonio, ese que cuida los carros en el estadio, siempre ha sido fanático de nuestro equipo ¿sabes?-, -su hijo juega pelota-, -bueno, juega pelotica de goma bien chévere y es super popular en la cuadra-, -¿por qué no le damos un chance en el equipo?  Antonio siempre ha sido leal con nuestra divisa-.

Pues es evidente que eso no ocurriría en ningún equipo serio, porque la única razón de ser de estos es ganar torneos para poder vender entradas, franelas, gorras, contratos publicitarios y un largo etcétera. Nadie va a comprar nada, ni se llenarán los estadios si el equipo no gana, y para hacerlo necesitan tener lo mejor que se puedan permitir en gastos.

Si tomamos esa misma premisa y la aplicamos en nuestra actividad científica-académica, para tener un equipo ganador en las universidades e institutos de investigación, hacen falta algunas cosas. Todos, absolutamente todos, estarán pensando que nuestra epifanía vendrá cuando se nos asignen presupuestos justos y haya fondos para la investigación ¿no es así? Pues permítame decirle que usted está errado. Si bien es cierto que toda actividad sea la que sea, pasa por el suficiente financiamiento para hacer que florezca, no es menos cierto que los “jugadores” deben tener ciertas cualidades.

Al igual que los equipos deportivos, los países invierten primero en sus jugadores para que al cabo de un tiempo sus conjuntos se destaquen y a partir de esos semilleros, vienen los recursos que se disponen para hacerlos mejores y mejores. Veamos el caso de nuestra vinotinto, hace 30 años no había suficientes escuelas de fútbol y nadie daba un medio por nuestros jugadores. A pesar de que debemos clasificarnos en un subcontinente muy difícil en cuanto al fútbol, es innegable la mejoría del equipo. Hoy en día, después de formar miles de muchachitos, muchos de ellos pasaron a jugar en equipos de primera línea con jugosos contratos como consecuencia del trabajo arduo y la preparación física y mental.

Si tomamos como analogía lo descrito anteriormente con respecto a la ciencia en Venezuela, nos encontramos con un panorama totalmente sombrío. En su conjunto los países latinoamericanos han venido creciendo constantemente en el número de publicaciones desde 1998 (Gráfica 1), de hecho en 1998 el número total de estas publicaciones científicas pasó de unas 29 mil a casi 130 mil en 2014, un inmenso 448%. Si bien ese crecimiento no es lineal para todos los países evaluados, usted como orgulloso venezolano pensará que Venezuela debe haber tenido un crecimiento también apreciable. Lamento decepcionarlo pero no es así.

Si tomamos el crecimiento ínter anual de Latinoamérica (LA) y lo comparamos con el de Venezuela (Gráfica 2), podremos notar inmediatamente que entre 1998 y 2001 nuestro performance era bastante parecido al del continente, luego entre el 2002 y 2009 empezamos a tener un comportamiento errático con respecto a nuestra producción científica y finalmente a partir del 2010…….. la debacle.

De acuerdo con el crecimiento inter anual de LA, nosotros deberíamos tener una producción científica de al menos 4500 artículos arbitrados para el año 2015 (Gráfico 3) y por supuesto, este no es el caso. Bien lejos que estamos de ese número. Si observa lo que debería haber sido nuestra tendencia en productividad, se encontrará que entre 1998 y 2001, estábamos como quien dice “corriendo con el pelotón” y a partir de 2002 hemos venido sufriendo de un estancamiento crónico hasta el día de hoy que nos mantiene en las 1000 publicaciones al año de siempre.

¿Y entonces? ¿Qué es lo que pasa? La respuesta es bastante compleja y responde a muchas variables que entran en juego en nuestro Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI). Una vez más, la respuesta que estará a flor de piel es la falta de recursos para la actividad creadora. En 2005 se promulga la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología en Innovación (LOCTI), una ley parafiscal que permitía a las compañías y empresas (públicas y privadas) que debían pagar este tributo, dirigir sus recursos directamente a laboratorios donde se desarrollaran temas de su interés. También se podían echar los reales encima con la excusa de comprar computadores o cualquier otra cosa porque eso era desarrollo tecnológico, pero eso es harina de otro costal. La promulgación de esta ley trajo sin duda un crecimiento en los años siguientes a 2005 (Gráfico 4), pero no fue suficiente para cerrar la brecha con los demás países de LA (y miren que en esos años hubo dinero de más). Ya luego en 2010, al darse cuenta el gobierno de la inmensa bola de plata que representaba el impuesto de la LOCTI, se reforma la ley para que el único beneficiario y benefactor fuera el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnologìa (FONACIT), o sea, el mismo gobierno. Como consecuencia se vuelve a decrecer en producción científica.

Por otro lado, recolectando algunos datos de los 150 científicos más citados del país en “Google scholar” (Gráfico 4), se observa que la cantidad de publicaciones se mantiene más o menos estable desde 1998 siendo su participación en el total nacional de entre 30 a 46% haya dinero o no. Siendo entonces exageradamente optimista yo diría que unos 1000 científicos venezolanos son responsables de casi la totalidad de las publicaciones producidas en nuestro país y cuando “aparecen” unos reales, pues alguno que otro de los 12.000 registrados como científicos o innovadores en el SNCTI produce "alguito".  Es algo así como que yo tenga la oportunidad de jugar con los Leones de Caracas y por un milagro pueda dar un hit.

Indudablemente nuestro equipo nacional de ciencia y tecnología tiene en su gran mayoría jugadores mediocres y con bajo porcentaje de bateo. ¿Las razones? También muchas, falta de motivación profesional, bajos sueldos, concursos amañados para que ingresen los amigos y compadres si ninguna preparación para hacer ciencia, discrecionalidad a la hora de asignar recursos, miopía en la planificación del sector a largo plazo, falta de formación de nuevas generaciones desde el inicio de la educación y lo más grave en mi opinión, una escasez absoluta de evaluaciones objetivas a la hora de los ascensos y promociones de los investigadores (muchos trabajos de ascensos son guías de estudio de los programas académicos de cualquier facultad, si no me cree, revise la biblioteca universitaria más cercana  a su casa y verá por sí mismo de lo que hablo).


Como ya hemos dicho, para tener un equipo ganador hace falta dinero y talento probo, lamentablemente parece que hoy no tenemos ninguna de las dos cosas, sin embargo la falta de recursos es algo que se puede solucionar con algunos cambios puntuales en el corto plazo, pero el rezago que tenemos en el personal calificado y productivo es alarmante. Para decirlo en perfecto español “lo de los reales se resuelve”, pero formar, evaluar, promover y motivar a las nuevas generaciones en ciencia es la clave. Les apuesto que si a Miguel Cabrera le dan un palo de escoba porque no hay plata para comprar bates, también la saca de jonrón.


Gráfico 1.  Total número de publicaciones de Latinoamerica (L.A.)  y Venezuela (Vzla) entre 1998 y 2015.


Gráfico 2.  Crecimiento interanual en publicaciones científicas de Latinoamerica (L.A.)  y Venezuela (Vzla) entre 1998 y 2015.


Gráfico 3.  Comparación entre la proyección de publicaciones de Venezuela (Pry.V) con respecto al crecimiento interanual de Latinoamerica  y el número de publicaciones científicas de Venezuela (P.V.) entre 1998 y 2015.


Gráfico 4.  Comparación del número de publicaciones científicas de los 150 autores màs citados según Google scholar (M.C.)  y el número de publicaciones científicas Venezuela (P.V.) entre 1998 y 2015.



Los datos utilizados fueron tomados de http://www.scimagojr.com/ https://scholar.google.com/

jueves, 19 de enero de 2017

!Con el hampa hemos topado Sancho!

El teléfono repica pero no lo contesta. Ya es la quinta vez que marco y mi esposa no lo contesta. Ya me empiezo a preocupar, sea porque le pasó algo, o que no me quiere contestar por algo que le hice (o deje de hacer) y para variar no tengo ni idea qué es.  ¡Ah ya recuerdo! hoy tiene que dar clases en la universidad hasta tarde, tardísimo, algo así como hasta las 5 y “por seguridad” deja el teléfono en su laboratorio. Ya muchas veces han robado dentro del propio salón de clases para volver a cometer la grandísima imprudencia de llevar un teléfono, tableta, laptop o el infaltable proyector. Parece que  ahora si volvimos a la tan anhelada tiza y pizarrón de algunos dinosaurios adoctrinados que ahora se lavan las manos criticando la gestión actual del gobierno y aplicando el “yo no fui” de costumbre cuando tenían posiciones (y recursos) de poder solo antes de ayer.

Para más señas, en las vacaciones decembrinas también sustrajeron parte del cableado del Laboratorio de Polímeros de la Universidad del Zulia donde mi esposa hace sus trabajos de investigación, eso significa que muchos de los equipos que utiliza no pueden ser usados y por supuesto cualquier experimento planificado tendrá que esperar porque ¡eso es lo que hay!

Si usted hace una búsqueda por encimita en la internet, se dará cuenta que no hay ninguna institución universitaria pública y privada que se haya salvado del flagelo de la delincuencia (organizada o no) en los últimos años. Desde robos de equipos en la Universidad Territorial Deltaica Francisco Tamayo de Tucupita1 pasando por los ya “extrañamente frecuentes” desvalijamientos del Instituto de Medicina Tropical de la UCV2 y extendiéndose como una plaga por todo el territorio nacional.

El sábado pasado, le tocó el turno al palacio de las academias. Se llevaron todas las computadoras, cámaras, etc. Para los cultores del conocimiento, este recinto, es quizás uno de los más respetados de nuestra noble patria, ya que él hacen vida las academias de ciencias físicas, matemáticas y naturales, la de la historia, medicina, ciencias económicas, de la lengua y la academia ciencias políticas y sociales. Si bien, algunas voces pueden tener ciertas críticas (todas debatibles) sobre su composición o funciones, creo que la gran mayoría estaría de acuerdo en que los académicos que las conforman tienen más que sobrados méritos para formar parte de ellas.

La academia de ciencias físicas, matemáticas y naturales (http://acfiman.org/site/) fue creada por el gobierno de Juan Vicente Gómez comenzando sus actividades en 1917. En sus casi 100 años, que se recuerde, no hubo una violación a sus espacios como el del pasado fin de semana. Ni siquiera en una montonera, y mire que ha habido muchas en ese siglo de historia.

Si bien, las instituciones académicas de Venezuela padecen de una eterna crisis por la desidia, desinterés y vendettas políticas por parte de los últimos gobiernos, también las universidades han sido abandonadas por los universitarios por distintos motivos (¿excusas?) todos atribuidos a la actual crisis del país. Las actividades académicas y extracurriculares (teatro, deportes, cine, grupos de discusión, etc.) han sido reducidas al mínimo porque es inseguro, y como consecuencia de la ausencia de universitarios en los campus, el hampa hace de las suyas, cayendo en un círculo vicioso que solo puede romperse con la colaboración de todas las fuerzas vivas de la sociedad y por supuesto de los gobiernos nacional, estadal y municipal. Somos nosotros los científicos e intelectuales, los llamados a estar en la primera línea de defensa de nuestro acervo universitario, no hacerlo es abandonarlo a merced de intereses contrarios a la libertad.

La actividad académica y científica debe hacerse en espacios que permitan el libre pensamiento y la discusión abierta de ideas, principalmente en ambientes donde la tranquilidad y el sosiego predominen para que el acto de la creación intelectual se pueda alcanzar.  Cómo se puede pensar en nuevas teorías científicas, el desarrollo de nuevas tecnologías, propuestas en política científica o el diseño experimental, si se tiene que estar pendiente de cerrar la puerta, no dejar “mal parado” el celular o vivir en una eterna angustia porque en lo que menos pienses tienes una banda armada atracando a todo un salón de clases.  

Mi querida UCV es conocida como la casa que vence la sombra por una frase de su himno, se refiere a la educación y a la creación del conocimiento como vehículo para salir de la oscuridad intelectual. Tal parece que las dichosas sombras están ganando la batalla y no encontramos la forma de volver a iluminar a nuestro oscuro país.




viernes, 18 de noviembre de 2016

Aprender a hacer limonada

El ruido era espantoso, casi no podía entender lo que me decía Patricia. La veía en la pantalla del computador con unos audífonos y enseguida me pregunté qué clase de laboratorio era ese. En el nuestro se escucha musiquita, uno que otro chiste con sus consecuentes carcajadas pero nada como eso.

Patricia fue mi estudiante de pregrado. Siempre tuvo “madera” para ser científica, era de esos estudiantes que uno mira, oye y dice: “guao, ojala todos fueran así” y además, diría yo, le fascina la ciencia como a pocos. Nació para eso pues.

En la vida de un científico, montones de estudiantes van y vienen, sin embargo, llegado a un punto, uno se termina preguntando a cuál de ellos deberíamos  “dejarle el coroto cuando haya que jubilarse” (lo que ahora llaman el legado), ya que tanto trabajo y angustia para armar un laboratorio, conseguir financiamiento para las diferentes líneas de investigación, dotarse de equipos, etc. no puede terminar en un cierre del mismo porque…. Upss!!!! No hay generación de relevo. Esto trae como consecuencia, en el mejor de los casos, la depredación del mentado laboratorio por los vecinos, que también necesitan (o no) lo que se construyó a lo largo de los años.

Cuando uno tiene lo que llamamos un buen estudiante, realmente queremos decir que el tipo o tipa es un personaje con cualidades excepcionales para el trabajo científico.  En mi humilde opinión, esto nada tiene que ver con las notas mis estimado lectores; es algo relacionado con su actitud y aptitud para aprender y su instinto para hacerse preguntas y tratar de responderlas. Como todo en la vida, uno termina desarrollando cierto olfato para identificarlos. Esa gente termina siendo una especie de hijo del cual uno se siente orgullosísimo cuando presenta un trabajo en un congreso, tal cual como si fuera el de uno propio haciendo de niño Jesús en el acto de fin de curso de la escuela.

Patricia siempre fue una estudiante de esas, tanto así, que un par de años luego de obtener su título de pregrado ya tenía 4 publicaciones en revistas internacionales (si lo sacamos por la media nacional, estaba 40 veces por encima1). El día que llego a mi oficina a decirme que se iba a Panamá a probar suerte, la verdad no sentí nada, me lo esperaba, quizás sentí una frustración ya padecida otras veces por el desperdicio de un talento al que nadie pareciera importarle en nuestro país.  Patricia quería seguir estudiando, conseguir un trabajo decente, casarse, comprar una casa, en fin…. soñaba con tener una vida.

Cuando llegó a su nuevo destino, Patricia se embarcó en una maestría cualquiera porque “mientras tanto” tenía que seguir ligada a la academia de alguna manera. Tanto dio y buscó, que al final consiguió a una persona que tiene un proyecto en el área en la cual se formó y que la aceptó como estudiante tesista (es obvio que cualquiera quisiera tener un talento como ese en su laboratorio).

Su llamada era para para preguntarme algunos tips y detalles técnicos para desarrollar su tesis. Mientras le iba contestando entre ese ruido infernal, me fui dando cuenta que ese ambiente no era precisamente un laboratorio sino la cocina de un restaurant donde también trabaja para poder mantenerse y pagar sus gastos. Con razón usaba audífonos.

Según las teorías evolutivas, la adaptación es un proceso en el cual, una población de cualquier especie se adecua a los cambios que ocurren en su hábitat. Básicamente, si no te adaptas a los cambios, desapareces como individuo y finalmente como especie (aplica para todo ¿no?). En la Venezuela de hoy, nos hemos visto forzados a adaptarnos prácticamente todos los días a situaciones diferentes. Nuestro entorno social parece que cambiara cada vez que nos bañamos. Muchos se van para otros ambientes (migran) para poder continuar o mejorar sus carreras académicas, algunos otros se quedan para continuar haciendo ciencia con enfoques nuevos, mucha creatividad y apoyándose en otros colegas que tienen lo que a uno le falta (porque también uno tiene lo que le falta a los otros) y seguir produciendo conocimientos de primera línea y otro grupo hace cualquier otra cosa menos ciencia (aunque les paguen por ello), vendiendo Herbalife, ponquesitos o haciendo de taxista, a su manera, adaptándose también.

Para el futuro científico y tecnológico del país, una de las preguntas más importantes es ¿qué hacer con todos esos talentos que conforman el primer grupo? Muchas opiniones consideran que en algún momento habrá que organizar un programa de repatriación de estos venezolanos para que se incorporen a las universidades y centros de investigación. Sin embargo, estamos muy lejos de llegar a siquiera soñar con esa posibilidad. Para aplicar cualquier programa de repatriación, primero debemos fortalecer nuestro sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación (SNCTI), mejorando enormemente las condiciones salariales de los científicos y académicos, haciendo una verdadera reforma universitaria (de eso hablaremos en otras entregas), desarrollando un sistema de incentivos para el desarrollo tecnológico junto a las empresas, mejorando las becas para la formación de nuevos científicos, un largo etc.

A mi modo de ver, la generación que se fue y que se sigue yendo del país es muy difícil de recuperar, pero si sabemos adaptarnos, podremos tener una gran red formada por futuros colegas que dirigirán laboratorios y manejarán recursos financieros en otros países. Desde esta perspectiva, muchos se unirán a la reconstrucción de nuestro golpeado SNCTI desde sus trincheras, recibiendo a nuestros estudiantes o haciéndonos copartícipes de sus proyectos. Fortalecer esa red tendrá que ser una tarea inaplazable porque nos rendirá frutos a corto plazo y con el menor gasto posible. En pocos años mientras se implementen políticas científicas a mediano y largo plazo, estos venezolanos que hoy se abren camino en el extranjero serán nuestros mejores aliados.

Patricia va a ser una de ellas, estoy seguro de que en el futuro será líder mundial en la actividad científica que ella escoja y que su amor por Venezuela es a toda prueba. Si las cosas mejoran un poco quizás se regrese y aporte desde aquí. Si no, estará siempre dispuesta a hacerlo desde donde se encuentre. En la ruidosa cocina del restaurant ella sigue planificando sus experimentos y buscando oportunidades que la lleven más lejos. Debo confesar que la llamada de Patricia me alegro el día.


sábado, 5 de noviembre de 2016

Más élite serás tú


En todas las familias hay un tío de esos que tocan cuatro sabroso y que arma la parranda en cualquier boda, bautizo o cumpleaños. Generalmente ese mismo tío tiene un hijo que es buen deportista y que en cualquier “caimanera” del colegio o del barrio se destaca. Sin embargo, nuestro tío no será nunca director de orquesta ni su hijo atleta olímpico.

Para llegar al pináculo de cualquier actividad (y léase bien, cualquiera), se necesitan esencialmente 2 cosas: talento y mucho, mucho, pero mucho, entrenamiento. Aunque en algunos casos lo segundo puede ser suficiente para superar alguna falta de lo primero y el talento sin trabajo es inútil. Una vez que usted ha alcanzado cierto nivel de desempeño, empieza a ser considerado como parte de un grupo de élite dentro de su actividad. ¿Quién puede dudar de que nuestros medallistas olímpicos son atletas de élite o que Gustavo Dudamel pertenece a la élite de los directores de orquesta del mundo?

A muchos, la palabra “élite” les causa piquiña, porque su contenido se ha deformado en el tiempo de manera peyorativa. De acuerdo con esa aberración, ser parte de una élite te convierte en un personaje excluyente que sólo le dirige la palabra a sus pares y siempre mirará con desprecio a los que considera inferiores. ¡Y claro que hay gente así! Pero los hay en todos lados y en cualquier grupo, pertenezcan a una élite o no.

En los últimos años se ha demonizado la figura del científico por considerar que hace una “ciencia elitista” (vaya usted a saber qué significa eso), que responde a intereses de grupos económicos, extranjeros o simplemente porque su ego es tan grande que les es imposible tener sensibilidad social.  Nada más lejos de la realidad. Por alguna razón, ser de una élite siempre y cuando usted sea un atleta olímpico, director de orquesta, general de división o piloto de la fórmula uno está bien, pero ser un científico con muchas credenciales académicas no lo es tanto; quizás porque a lo único que se dedica un científico es a pensar.

En Venezuela, la producción científica ha caído desde 2009 debido principalmente a la falta de inversión, presupuestos deficitarios y el éxodo o jubilaciones de muchos académicos (Bonalde, 20131). Esta producción, es medida según el número de publicaciones científicas por investigador que tiene un país. En Venezuela, según cifras oficiales, hay registradas unas 12.000 personas en el Programa de Estímulo a la Innovación e Investigación (fíjense que no al investigador o al innovador) o PEII.  Y de acuerdo a cualquier base de datos, nuestras publicaciones científicas rondan las 1.400 anuales. Esto significa, a vuelo de pájaro, que el promedio anual de publicaciones por científico es de 0,1, o si quiere que suene peor, un científico promedio en Venezuela está publicando un artículo arbitrado cada 10 años.

Viendo ese catastrófico número se me ocurren dos escenarios, o la mayoría de las personas inscritas en el PEII no son realmente “científicos o innovadores” o la inmensa mayoría de los “científicos o innovadores” del país no trabajan. Según esos números, un científico en Venezuela habrá publicado con suerte unos 3 o 4 artículos en promedio cuando se haya jubilado (tremendo logro ¿no?).

A mi modo de ver, la situación actual tiene bastante de ambos factores, ya que como menciono al principio, la actividad científica ha sido demonizada en los últimos tiempos y no se ha hecho justicia para aquellas personas que siguen produciendo conocimiento, haciendo desarrollo tecnológico o innovando procesos a pesar de las condiciones actuales.

Como no me puedo quedar con la espinita de que el mundo nos vea como unos verdaderos piratas, me dispuse a hacer otro tipo de búsqueda con datos que pudieran separar la paja del grano y así poder salvar el honor de los que realmente trabajan. Buscando en algunas bases de datos, pude corroborar que Venezuela en 1996 estaba en el 5to puesto entre los países latinoamericanos  con unas modestas 998 publicaciones. A partir de allí, hemos ido en franca caída hasta hoy, donde nos encontramos de octavos en ese mismo ranking con 1474 publicaciones por año2. Si uno se pone a escarbar en esos datos, notará que nuestro nivel de publicaciones ha crecido muy poco para tener 12.000 científicos mientras que otros países nos han dejado el pelero en el mismo tiempo y con muchísimos menos recursos económicos. Por ejemplo, Colombia (si, aquí al lado) pasó de publicar 595 artículos en 1996 (la mitad de lo de nosotros) a tener 7500 publicaciones en 2015 (5 veces más) ubicándose en el 5to lugar. Ni siquiera vale la pena mencionar a Brasil, México, Argentina y Chile que son unos verdaderos monstros en comparación. De hecho, es muy probable que Ecuador nos supere en 2016 y bajemos otro peldaño más. La cosa sin duda, esta grave.

Ahora, si usted sigue investigando se consigue con la base de datos que Google tiene para cosas académicas. Si bien, en esa base de datos no están todos los científicos del país (muchos de ellos con tremendas credenciales), si le garantizo que la inmensa mayoría de los que aparecen en ella son personas que trabajan de verdad verdad y nos sirve como una buena aproximación de la realidad actual. También le garantizo que el que no trabaja y no quiere que le “vean” el currículo, no aparece allí ni a palazos.

Cualquier avispado podrá decir que el número de publicaciones no habla de la calidad de las mismas (cosa que es cierta), pero, el número de veces que estos trabajos son citados por otros científicos puede más o menos indicar que tan importantes son. Los 100 científicos venezolanos más citados en el ranking de Google (y ahí comenzamos con lo de la élite) acumulan 214.000 citas de sus trabajos hasta el sol de hoy3. Eso nos pone en un 6 lugar comparado con las élites de otros países (ver gráfico anexo). Bastante mejor ¿no? Cualquiera podría pensar que estos 100 investigadores son unos viejitos ya retirados a los que, debido a su larga trayectoria todavía siguen citando, o que muchos son venezolanos pero trabajan en el exterior. Yo mismo lo pensé, y para mi sorpresa, 67 de ellos están totalmente activos aquí en nuestra amada Venezuela, otros 8 son activos y comparten sus actividades en otro país (están de sabático, en el plan Prometeo, etc.), 8 siguen activos pero sí hacen vida en otros países, 15 están retirados de la actividad científica y 3 a pesar de estar retirados, tienen puestos en gerencia de la actividad científica. En 2 platos, 77 de los 100 científicos más citados del país se siguen rompiendo el lomo en estas tierras con el único propósito de hacer del conocimiento y del desarrollo tecnológico algo tangible.

Por otro lado, esa “élite” publicó unos 380 trabajos científicos en 2015 y su promedio de publicaciones por año/investigador se ubicó en un poco más de 5. O sea, la élite produjo 50 veces más publicaciones que la media nacional. ¿Trabajaron 50 veces más que los demás? Pues yo no lo creo.  De lo que si estoy completamente convencido, es que lo único que hicieron fue trabajar y que el número actual de venezolanos dedicados a la ciencia (los “científicos reales”) son muchos menos de lo que se dice. ¡Ah claro! Esos tipos que publican pertenecen a una élite.


Ojalá que en el futuro próximo nuestra élite científica (no solo los 100 mencionados) no tenga que lidiar con formar discípulos que se quieran ir del país y que las nuevas generaciones puedan superar a sus maestros en cuanto a número y calidad de publicaciones.  Nuestra política científica debe ser diseñada y vigilada por todos aquellos que realmente trabajan y no dejarle tan delicada tarea a burócratas sin visión. Los científicos tenemos la obligación de hacerles ver a los políticos, que la ciencia, el desarrollo tecnológico y la innovación de procesos son palancas de vital importancia para el desarrollo. Debemos obligarlos a entender que la vía para salir del abismo debe ser vista como una escalera de peldaños cortos para hacer consistente nuestro avance y no como un salto de garrocha donde aspiremos más de lo que podemos lograr independientemente de los recursos destinados a ello. El país del futuro debe contar y confiar en su élite científica y los científicos venezolanos deben seguir haciendo su trabajo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Eugenio no corrige exámenes

Cuando me vine a vivir a Maracaibo tuve que hacer un nuevo doctorado. El de los aires acondicionados. Para un tipo que vivía en San Antonio de los Altos, eso de que un aparato enfriara el aire a mi alrededor nunca me importó. Aquí me enteré que los hay de ventana, splits, centrales (todos ellos eléctricos o a gas) y con diferentes potencias, marcas y apreciaciones de parte del público que llegan literalmente al infinito. Como yo era un verdadero neófito en todas esas artes, fui sopesando las opiniones de cuanto maracucho conocía para comprar mi respectivo primer aire acondicionado.

El día que tuve la dicha de adquirir el fulano aparato, comenzó formalmente mi nuevo programa de formación. Resultó que a esas cosas hay que hacerles mantenimientos y chequeos muy regulares (de todo tipo) y al cabo de unos meses, para mi desgracia (sobre todo por los reclamos de mi familia), el “aire” se echó a perder. Fue allí, para mi fortuna, donde conocí a mi amigo Eugenio.

Eugenio estudió química en la Universidad del Zulia (LUZ) y por vicisitudes de la vida, tuvo que abandonar la carrera en el octavo semestre. Él ha hecho de todo, fue cajero de un banco y llegó a sub-gerente. Con las prestaciones de su renuncia en el banco compró un par de taxis y tuvo que aprender mecánica cuando su flota creció y así no depender de los “piratas” que nunca reparaban los carros a su gusto. A la larga, vendió los taxis y se hizo especialista en refrigeración. Hoy en día Eugenio tiene un taller mecánico a donde llevo lo que me queda de carro y hace servicios y reparaciones de equipos de refrigeración. Al final, hoy tengo un buen mecánico que me arregla los aires acondicionados de la casa, algo así como un dos por uno. Lo único que Eugenio no hace es arreglar los aires acondicionados de los carros ¿raro no?

Un día montados en el techo de casa, nos pusimos a conversar mientras le hacía mantenimiento a “la unidad”. Hablábamos de lo precaria que estaba la actividad científica en el país, de algunas de sus experiencias en LUZ y como en esa época (los 90) los profesores investigaban sobre esto o aquello. A mí, ciertamente la conversa me parecía fascinante; una delicia hablar de ciencia con mi técnico en refrigeración mientras uno se cocina en el techo de una casa en Maracaibo a eso de la una de la tarde.

Con el pasar del tiempo, Eugenio me fue enseñando como hacer el mantenimiento de los equipos, medir la capacitancia o el amperaje de los componentes, y hasta compré un juego de manómetros y una bombona para recargar los compresores de gas. En fin, para ser un extranjero en tierras zulianas ya tenía bastante conocimiento del tema. Ya, a estas alturas, Eugenio solo va a la casa para limpiar los aires (yo no tengo los quipos para eso) y por lavar tres aparatos en unas dos horas me cobra treinta mil bolívares. Las otras veces que lo veo es porque llevo mi cacharro a su taller.

La última vez que lo vi, volvimos a conversar como de costumbre sobre la situación actual de la academia, adelantos tecnológicos de su interés y otras tonterías; en una de esas le pregunté si nunca pensó en terminar la carrera de química. Eugenio sonreído como siempre me contestó,- ¿Y para qué? Si tuve que enseñarte casi todo lo que se sobre aires acondicionados porque no puedes pagarme-, prefiero seguir en lo mío y acostarme temprano que corregir exámenes y tesis.

Tenía razón. Si cobráramos las horas de trabajo como lo hace Eugenio, probablemente la situación del desarrollo científico tecnológico sería diferente. Cualquier científico, académico o profesor universitario sabe que las 8 horas que “tenemos” que trabajar no son suficientes. Generalmente, una vez que nos vamos del laboratorio (suponiendo que por un milagro lo hagamos a las 4:30pm) y que culminamos con nuestras labores de padres, nos toca otra jornada nocturna planificando experimentos, corrigiendo tesis o exámenes, escribiendo propuestas para proyectos o artículos científicos.

Si Eugenio trabajara las 8 horas del laboratorio, unas 2 horas de leer la tesis del estudiante que esta por graduarse antes de acostarse y 1 hora adicional a las 4:00 am para leer unos artículos científicos de interés para sus próximos experimentos, estaría cobrando unos 165.000 bolívares diarios. Algo así como unos 4.5 millones mensuales.

¿Les parece mucho? Saque la cuenta mi estimado lector. Si convierte ese sueldo en los dólares que se consiguen en el país se dará cuenta de que ese es más o menos el sueldo promedio de un científico en casi todas partes del mundo. Actualmente los profesores y científicos venezolanos cobran en el mejor de los casos unos 120.000 bolívares mensuales. Bajo ese escenario ¿Usted cree que Eugenio alguna vez corregiría un solo examen?

Los que sí corrigen exámenes son miles de profesores universitarios y científicos de instituciones adscritas al mismo ministerio que a punta de vocación y esfuerzo mantienen vivo el pensamiento creativo y libre. Increíblemente y en contra de todo pronóstico muchos continúan produciendo nuevos conocimientos que serán de provecho para nuestra patria en un futuro no muy lejano. En algunos foros pareciera que tener vocación y trabajar por amor a la ciencia es un pecado, incontables veces hemos escuchado a demasiados burócratas burlarse de las peticiones de sueldo justo para los académicos porque al final, nosotros trabajamos por amor y no por dinero. Pues vaya para todos los colegas que siguen trabajando en pro de una mejor Venezuela mis saludos y respetos. El futuro está cerca y tendremos una nueva oportunidad de enrumbar a nuestro noble país hacia destinos de progreso.


Dados los hechos del día de ayer 20 de Octubre sobre la suspensión por parte del CNE de la recolección de firmas, no me queda más que despedir este espacio recordando que tenemos un compromiso con nuestros hijos, estudiantes y nuestra patria. No los defraudemos y mantengamos el espíritu de lucha. Mandela una vez dijo “Después de escalar una gran colina uno se encuentra sólo con que hay muchas más colinas escalar”.